Me muero de miedo por la llegada de Enero, pero no por el inminente futuro, sino por el irremediable pasado en el que mi amígdala se quedó atrapada. Anoche me dormí buscando pruebas de que sí sucedió ese Enero, pero lo único que encontré fue la foto archivada de un gato de hace nueve años; en aquel entonces mi mente estaba tan aprisionada que no me di cuenta de lo que había pasado, de lo que esa persona me hizo. Y es que aún ahora que lo sé, me cuesta trabajo creer o entender… ¿o creerme? Pero aún así, aunque el lado racional de mi cerebro no lo quiera aceptar, desde ese 2015 es como si todos mis Eneros se convirtieran en un hoyo negro que no hace más que succionar toda la luz que logré encender durante el año. Este es mi primer año en el que soy consciente de que se acerca mi mes más complejo, en el que sé la razón por la cual me ha sido tan difícil de transitarlo… por eso me muero de miedo, porque recuerdo las veces que me llené de rasguños los brazos, los días en lo que no podía pararme de la cama porque sentía que una fuerza enorme aprisionaba todo mi cuerpo contra las sábanas, las semanas en las cuales bañarme era todo un logro y el dolor que aplastaba mis órganos, como si un montón de manos invisibles estrujaran cada partícula de mí. Incluso ahora, con todas las herramientas que he logrado construir en terapia y todo el avance conseguido con tanto dolor, pienso en Enero y me siento dentro de esa pecera que solía estar llena de agua salada y erizos clavándoseme en todos lados; ahora la pecera está vacía, me encuentro sentada en su fondo frío de cristal mientras veo sus paredes llenas de rasguños y opacas por todo el tiempo que estuvo llena sin limpiarse; ahora puedo respirar dentro de ella, pero no me quiero mover porque me da muchísimo miedo que en cualquier movimiento en falso, caiga sobre de mí todo el agua que antes me tenía presa. Me gustaría tener la certeza de qué es lo que le sucederá a la pecera, ojalá desapareciera por arte de magia… ojalá se empiece a hacer tan pequeña que yo ya no quepa dentro de ella, o tan grande que deje de ser consciente de sus paredes, ojalá no se vuelva a llenar… ojalá no estalle en mil pedazos conmigo dentro de ella.
Escritura